Made for Hell, Played to Heaven

Cuando Richard James patentó el Slinky en 1945, no estaba pensando en ** los taiwaneses ni en su creatividad infinita.

El juguete se diseñó para una cosa muy simple: bajar escaleras. Lo colocabas en el primer peldaño, dabas un pequeño empujón y él solo se encargaba de descender, escalón tras escalón, en una coreografía hipnótica.

Ese fue su “infierno”: una vida condenada a rodar hacia abajo, a caer por gravedad.

Pero alguien en Taiwan vió su verdadero potencial y hace unos años un video de un vendedor ambulante lo hizo vira.

A partir de este momento dio el salto a la cultura occidental y se empezó a fraguar una pequeña comunidad.

Hoy, setenta años más tarde, el slinky se ha convertido en una herramienta de flow y manipulación creativa.

Ya no se conforma con bajar. Ahora sube.

Los trucos modernos —como el Dragon, en el que se lanza en espiral hacia arriba hasta el cielo— son la prueba de que un objeto diseñado para caer puede reinventarse para volar.

@goodyzoody

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♬ Gangsta’s Paradise (feat. L.V.) – Coolio

Un viaje desde las escaleras de un salón hasta los escenarios y festivales, de juguete clásico a objeto de culto.

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